lunes, 16 de octubre de 2017

Octubre de 1962. Cómo conocí por dentro una base soviética de cohetes

Por Edison Velázquez López.

En el año 1961 el Comandante Ernesto Guevara, como  Ministro de lndustrias, me había designado su Delegado en Oriente, provincia  que estaba directamente bajo el mando del Ministro de las FAR, el compañero Raul.  En abril  del  año  siguiente  el Che me  orientó   hacerme  cargo provisionalmente  de Ia Empresa del Niquel, con instalaciones en Nicaro, Moa  y Felton, y que en aquella época constituía  Ia única empresa del Ministerio cuya Dirección se encontraba en el interior del país. Para el nombramiento se tuvo en cuenta que había participado en Ia nacionalización de esas industrias y que como Delegado del Ministro las atendía y conocía. Esa es Ia razón por Ia que me encontraba en aquellos históricos momentos en una zona que me daría Ia oportunidad de vivir una curiosa experiencia.

Meses después, encontrándome  ya dirigiendo Ia Empresa, que tenia sus oficinas en Nicaro, una mañana mi secretaria me informó que un grupo de tres    señores rusos querían  verme, cosa que en  principio no  me sorprendió, pues  era natural  y corriente  que esto sucediera, dado que teníamos una asistencia técnica soviética permanente colaborando con el arranque de las instalaciones de Moa, así como en trabajos asociados en general con Ias problemáticas de las dos fábricas de  níquel.

AI recibirlos en mi oficina, me percaté de que no me eran conocidos y, tras los saludos de rigor, de inmediato pregunté en qué podía servirles, por lo que tomó Ia palabra quien notoriamente parecía ser el jefe y, utilizando a uno de sus  acompañantes como traductor, me dijo: "Camarada, tengo orientaciones de hablar  con usted, somos de una agrupación militar emplazada cerca de  aquí y confrontamos algunas dificultades en cuanto a Ia alimentación. Queremos solicitar su ayuda."  Rápidamente les respondí que estábamos a su entera  disposición y les solicité  conocer en  que podíamos ser de alguna ayuda para ellos, a lo cual muy concretamente contestó  que se trataba  del pan, que era lo único que les hacia falta. 
Analizamos entre las dos partes todas las posibilidades y acordamos que Ia ayuda consistiría en el suministro de tres sacos de pan con unas cincuenta flautas por saco, dos veces por semana. Todos los lunes y jueves, una persona seleccionada  entre mis compañeros de confianza, les  haría Ia entrega  del alimento en el Iugar sugerido por  ellos, el entronque  de Mayari-Festón. Hacia las 11 de Ia mañana de los días acordados, ellos Io recogerían, y para facilitar Ia coordinación les mostré el jeep de cuatro puertas que usábamos en Ia Dirección y que tenia  inscriptas las siglas J-2 en las puertas. En  Nicaro  existía  una panaderfa  vinculada  a nuestra industria  y  encargué el cumplimiento  estricto de Ia tarea al  compañero Ernesto  Mora,  quien después de haber sido un combatiente distinguido de Ia Huelga de Abril de 1958 en Ia localidad de Sagua Ia Grande, ocupaba por  aquellos  días el cargo de inversionista de  Ia  nueva  mina "Sol Líbano”, entonces en construcción.

Todo funcionó  sin dificultades y, transcurrido alrededor de un mes, mi secretaria nuevamente me informó que otra vez querían verme dos de los compañeros rusos que habían venido anteriormente y que no eran identificados  por el personal cubano como cooperantes nuestros. Se trataba del traductor de Ia ocasion anterior, esta vez acompañado por el político  de  Ia agrupacion. Venían con  Ia  misión de extenderme una invitación del Jefe del contingente militar para visitar sus instalaciones. Era aproximadamente un jueves. Rápidamente acordamos que el sábado en Ia mañana efectuaríamos Ia visita y que iría conmigo el Director  de Ia fábrica de Nicaro, compañero Luis Gálvez Taupier, quien anteriormente había sido Director de Ia Empresa del Cemento y se encontraba trabajando  allí como un refuerzo enviado por el Comandante Guevara, dado el ambicioso  plan de inversiones de Ia fabrica y Ia  lmportancia  estratégica  del niquel en aquellos días. Todo quedó  coordinado con Ia misma facilidad de entendimiento  práctico con que habíamos planificado Ia entrega del pan. lríamos sin chofer.

Consulte con Galvez y consideramos oportuno llevarles un presente,que consistió en tres botellas del coñac  español conocido como ''Tres Cepas”, que  provenían de un viejo remanente de licor heredado del protocolo de Ia casa de visitas.

Llegado el sábado salimos para cumplir con Ia invitación y al arribar al punto de encuentro acordado, allí nos  esperaban disciplinadamente los dos compañeros  soviéticos que  habían estado en Ia oficina. Con ellos tomamos rumbo a Ia carretera de Banes y después de un tramo abandonamos el asfalto, recorriendo una  zona virgen  y no  transitada. Luego  de un largo trecho de monte llegamos a una  especie de acantilado, con una impresionante  pared  casi vertical a Ia  costa, y un camino que bajaba hacia el mar, llevándonos  a una pequeña  e irregular explanada de diente de perro, una zona baja que no era visible desde ningún punto  exterior de observación. Cual no seria nuestra  sorpresa  al toparnos de pronto con  los enormes cohetes,  columpiándose en sus plataformas, con  un  camuflaje que sólo permitía identificarlos a  corta distancia. Allí  estaban, con sus dotaciones de soldados soviéticos al frente de cada plataforma. Fue algo inolvidable.  
Allí, con el diente perro como piso, tenían sus casas de campaña aquellos jóvenes.  Nuestros guías seguidamente nos condujeron al Estado Mayor de Ia unidad, que no era sino otra  tienda de lona donde nos esperaba su comandante, el Mayor Iván Minovich, en quien reconocimos el mismo rostro de quien nos había visitado en aquella primera ocasión en nuestra oficina. Nosotros no  salíamos  de la sorpresa, mientras  ellos, muy contentos y  sonrientes, disfrutaban de nuestra expresión de asombro y admiración.

De Ia breve explicación de Ia instalación que nos expusieron, quizas lo único que  entendí fue que ellos nos veían a diario, cada vez que despegábamos en nuestros  pequeños  aviones, un Cessna y un Morava bimotor,  para viajar Ia ruta Moa-Santiago de Cuba-Habana en tareas del Ministerio. Obviamente, no éramos el enemigo, pero nos impresiono saber que nos tenían en Ia mirilla, aunque no era de extrañar en un momento en que todo lo que se moviera en el aire podía ser una potencial agresión.

Ante  Ia perspectiva de sabernos vigilados  por nuestros aliados, Gálvez, tratando de romper el hielo por nuestra parte, les hizo entrega de las botellas de coñac que  llevábamos como presente. Presto y sin perder tiempo el político saco cuatro  vasos y como si  se tratara de un refresco, sirvió Ia primera botella dividiéndola en generosas porciones. Yo mire a Gálvez con preocupación. Tenia úlceras estomacales y llevaba varios días con una dieta  solo a base de malanga, pero conocía que Ia  costumbre rusa en el brindis exigía devolver el vaso vacío de un solo golpe.  El mayor Ivan hizo el primer brindis, en saludo a sus amigos visitantes, y los vasos fueron vaciados de un solo sorbo. Terminado el primer brindis, agradecí el gesto de confianza de invitarnos a visitar su base y  expresé que ello nos obligaba  a un   serio compromiso con esa muestra de confianza; valoré altamente su presencia  internacionalista, tras  lo  cual aproveché  para "meter Ia cuña" de que tenía úlceras  y que Ia bebida me estaba restringida. Esperaba  que los amigos soviéticos reconocieran aquel primer brindis,  por mí efectuado  a pesar ml enfermedad, como  un sacrificio  en aras  de  mostrar   mi gratitud y  camaradería con  ellos, pero  no  había terminado de hablar cuando  con una alegre y jocosa sonrisa que dejaba ver varias piezas de oro, el  político,  a quien si mal no recuerdo llamaban Vladimir, con gran seguridad  me  aseguró que  esa bebida  era Ia  mejor medicina  para  mi padecimiento. Por suerte, pensé en aquel momento, solo  trajimos  tres  botellas,  que  en  efecto, duraron  minutos. Ya en  el ultimo brindis Vladimir  sacó un enorme  envase de cristal, que contenía tomates  navegando en abundante  vinagre. Nos dijo que su esposa se los había  enviado  recientemente, y entonces vi Ia señal de no  tener  que beber  mas.  
Los temas  de  conversación, superada Ia sorpresa  inicial, versaban alrededor de las permanentes lluvias características de aquella época del año y las cartas de las  familias, que hablaban acerca de Ia vida cotidiana en Ia Unión Soviética, los hijos, el trabajo.  Mi tranquilidad duró minutos porque ante lo extenso y agradable de Ia  charla, Vladimir se ausentó  momentáneamente, regresando  con  una  cantimplora enorme. Plástica y  redonda, de un tipo que nunca antes había visto. Yo, que daba por terminada Ia odisea de los vasos boca abajo, vacíos de un solo sorbo, tendría  una  nueva  sorpresa. Vladimir  esgrimió  con genial destreza  Ia enorme  cantimplora y volvió a llenar los vasos de una bebida blanca. De reojo mire a Gálvez y murmuré  una palabra que resumía algo que venia temiendo desde hacia minutos y me preocupaba en aquel  momento mas que los cohetes que apuntaban a mi avioneta: Vodka.  Haciendo acopio de valor para no producir  un desaire a nuestros anfitriones, bebí un nuevo y demoledor trago de  aquel supuesto vodka y sentí que algo quemante bajaba por mi garganta. Dos lagrimas se desprendieron de mis ojos y, sin pedir permiso, tomé un tomate a modo de  naranja fresca para apagar el fuego de Ia boca.  Inferí, sin necesidad de mucho análisis, que estábamos bebiendo algo  parecido a lo que en Cuba llamamos popularmente "alcoholite". Ante lo que constituía ciertamente un suicidio,  miré  de nuevo a Gálvez, buscando no sé qué solución a aquel martirio, pero me di cuenta de que el lo disimulaba mejor que yo: no aparentaba sufrir el cambio y daba Ia  impresión de  que seguía tomando del ''Tres Cepas”, en lugar de aquel veneno. Ese martirio fue el costo que tuve que pagar por el privilegio de haber visitado Ia base de cohetes que, comprensiblemente, con el mundo al borde de un desastre nuclear, constituía un secreto de los mas reservados.

En las semanas  posteriores, estando ya  en conocimiento de Ia  existencia de esta instalación y con Ia extraña sensación de sentimos observados cada vez que viajábamos en nuestro pequeño avión, aunque guardando en silencio nuestro secreto y sin dar a entender nada al piloto, a partir de aquel acontecimiento tratábamos, desde Ia altura que alcanzaba nuestro aparato, de ver la  base soviética imposible, pues el Iugar formaba una especie de bolsón que penetraba dentro  del acantilado. Contando además con un magnifico camuflaje, ni desde el aire, ni desde el mar, era posible descubrir Ia instalación, a pesar de que en muchas  oportunidades  alcanzábamos alturas de regreso de 3000 pies y el  humo de Ia fábrica de Nicaro lo  divisábamos a casi30 millas de distancia.

Varias veces  comentamos con Gálvez Ia tremenda sorpresa y emoción que habiamos tenido el privilegio de experimentar juntos. Para los dos se trataba de algo unico e inolvidable. Sin embargo no imaginábamos que aqui no terminaba el camino de las sorpresas:  El 27 de octubre de 1962 aconteció el histórico derribo del avión espía U-2.

Yo había viajado a La Habana el  día 20 de octubre, citado a un despacho con el compañero Orlando Borrego,  que se encontraba en funciones de Ministro de lndustrias, por estar el Che movilizado en Pinar del Río al haber alcanzado Ia crisis su punto mas alto de ebullición.  Ante Ia amenaza inminente de bombardeo e invasion, Borrego me instruyo el día 22, el regreso inmediato a mis responsabilidades en Ia protección de las fábricas y Ia toma  de medidas emergentes  en su defensa. Conociendo   con mas precisión Ia gravedad de los acontecimientos y previendo Ia  movilización y movimientos militares existentes en un país en estado de guerra y plena disposición combativa, como era el nuestro en aquellos días, fue necesario que se me extendiera un salvoconducto, única forma de viajar de manera expedita en aquellas condiciones, dada Ia necesidad que tenia de llegar rápidamente a Nicaro.
En media  de  este clima  de tensión  comenzaron a llegar el dia 27 de octubre,  en  horas  de  Ia  tarde,  noticias  de  que  algunos  trabajadores avisaban  que  en  sus  zonas  de  trabajo   o  residencia  habían   caido fragmentos  de  algun cuerpo  extraño,  por  lo que  surgían comentarios acerca de si eran  de un avión. El día 28 por  Ia mañana, el Jefe de Ia Seguridad de Estado en  Ia región, cuyo Centro se encontraba en Mayarí, me llamó por teléfono para que a las 6 de Ia tarde fuera a encontrarme con él,  pidiéndome que llevara conmigo a un traductor de ruso que fuera de  entera confianza. Para esa misión Gálvez localizó a un  ingeniero hispano soviético de apellido Barredo, militante del PCUS y de absoluta lealtad hacia nosotros.

Puntualmente, como fue acordado,  a las 6 estuvimos en Mayarí, y de allí nos trasladamos con el Delegado de Ia Seguridad hasta un pequeño aeropuerto agrícola, que estaba en Ia salida de Mayarí para Cueto. Allí estaban depositados una cantidad de  fragmentos metálicos acopiados  en diferentes lugares de Ia  zona. Después de leer las inscripciones en idioma ruso que se conservaban en algunos fragmentos Barredo confirmo que se trataba de un cohete y hasta tenia impresa la fecha en que había desfilado en el acto  tradicional en Ia Plaza Roja de Moscú. Incluso recuerdo claramente como era también posible leer Ia fecha en que había sido recargado el misil. Aunque entonces se publicó que el  U-2 había sido derribado en Pinar del Río,  Gálvez y yo ya en aquel memento sospechamos que el cohete interceptor había sido lanzado en Ia base de nuestro amigo, el mayor Iván.

Aunque muchos aspectos de esta historia hoy se conocen en detalle, y al no existir ya los peligros de que alguna informacion pudiera ser de ayuda al agresivo enemigo de siempre, hemos considerado util dejar constancia de  esta experiencia que privilegiadamente nos tocó vivir  y conocer a Gálvez y a mi.

Han transcurrido cincuenta años de aquellos acontecimientos, tiempo en que siempre mantuvimos Ia duda acerca de quien orientaría al mayor Iván Minovich, Jefe de Ia base soviética de cohetes que contactamos en Nicaro, para Ia ayuda alimentaria que requerían.

Tratando  de hacer una reflexión realista y tomando en cuenta Ia poca claridad existente sobre quien dio Ia orden del derribo, en nuestro criterio caben tres posibilidades: Ia orientación  de contactarnos pudiera haber partido de Ia máxima autoridad del Ministerio  de lndustrias, o del Jefe militar  de Ia provincia, pero con mucha fuerza está anclada en nuestras mentes Ia posibilidad  real de que fuera una iniciativa personal del mayor Iván, acción que se correspondería con Ia seguridad, valentía política, confianza en sí mismo y  audacia personal que  caracterizó la decisión tomada por él,  en el derribo del  U-2, como ha quedado comprobado en las interpretaciones mas recientes de aquellos hechos históricos.

martes, 10 de octubre de 2017

Che, el antidogma

Por José Alejandro Rodríguez
A veces me pregunto si podremos ser como el Che, pioneros nuestros; si lo mantendrá vivo y palpitante la liturgia de desempolvarlo en frases y palabras altisonantes los días de sus conmemoraciones, aunque después los adultos hagamos lo que nos parezca y lo neguemos a cuentagotas con la desidia, la indolencia, el acomodamiento o la imposición.
Hoy, cuando se cumplen 50 años de su caída en La Higuera, las ofrendas y homenajes más recurrentes son al Guerrillero Heroico, al redentor de los preteridos y olvidados de siempre; como si ese irreductible no fuera el mismo en la guerra y la paz. Como si aquella pólvora justiciera no se perpetuara en su osadía de la redención humana desde el poder, en su voluntad espartana de construir un mundo y un hombre nuevos —todavía una aspiración— para honrar tanta sangre derramada.
Después del 1ro. de enero de 1959, y hasta la partida a otras tierras que reclamaban el concurso de sus modestos esfuerzos, el Comandante Ernesto Guevara de la Serna se ganó también los grados de líder más que de funcionario. De  mesías y adelantado de una Revolución que, en el concepto espartano del rosarino, debía estar en perpetua revolución para no necrosarse.
Che fue el antidogma a lo largo de una vida que siempre despreció las predestinaciones de la comodidad y la oportunidad en pos del hereje sacrificio. Por eso, con inteligencia y talento excelsos para convertirse en un gran médico, siguió a Fidel y se alistó en el Granma, proa definitivamente a la Revolución, Sierra Maestra, Columna 8… hasta las más difíciles e inéditas batallas después del triunfo de 1959.
Su lealtad a Fidel y a la Revolución como combatiente y estadista, cimentada en altas dosis de sacrificio y voluntad, en un ejemplo personal que ha hecho leyenda para siempre, nunca dejó de ser insurgente. Junto a un elevado compromiso en cada tarea encomendada, nos legó un modelo de exégeta de la calidad y la belleza en el socialismo, de propulsor y dialéctico centinela de la propia obra revolucionaria. Como cuadro «columna vertebral de la Revolución», era a la vez conciencia crítica, análisis profundo y amoroso de lo que se iba gestando.
Su coherencia entre palabra y vida, de la cual perviven tantas historias aleccionadoras, tenía que ver mucho con su concepción de la Revolución como un proceso formador, en el cual se trabaja duro por el bienestar y el mejoramiento, y a la vez se analiza desde la duda, el pensamiento creador e indagatorio, por incisivo y renovador que sea.
Che todavía nos alerta de que la incondicionalidad pasa por cabeza propia, el criterio personal, el debate y la polémica, el estudio e investigación previos, el diagnóstico científico como antídoto del súbito voluntarismo. Nos legó el alerta sabio y precoz como clave de la honestidad, no la complaciente anuencia ante los males, propia de simuladores y adulones que él aborrecía.
Entre sus herencias siguen gravitando sobre nuestros esfuerzos por perfeccionar el socialismo cubano —no siempre fructíferos—, el imperativo del control, el rigor y la disciplina, pero no sobre ucases e imposiciones, sino con el encantamiento de involucrar a todos desde las bases para que participen de veras y no solo cumplan órdenes. Él supo escuchar y palpar siempre bien abajo, como alimento insustituible para las tareas de dirección.
A diferencia de concepciones burocratizantes, tecnocráticas y elitistas alejadas del sentir de las masas, que al final dieron al traste con el socialismo real en las nevadas latitudes esteuropeas, Che nos sigue alertando, desde su praxis y su pensamiento teórico acerca de la transición socialista, de que esta nueva sociedad solo se puede construir con el hombre como centro. Desde él, con él y para él.
Y en ese enfoque humanista del proceso reflexionó con alto nivel conceptual acerca de las contradicciones y los dilemas de la nueva sociedad, en cuanto a lograr la confluencia y el equilibrio necesarios entre la vanguardia política, la masa participante y el individuo con sus particularidades, un tema aún álgido y controversial en el socialismo. (Léase El Socialismo y el hombre en Cuba).
Che predicó, en pensamiento y obra, que sin la acción consciente del ser humano no puede construirse la nueva sociedad. No hay mecanismo que valga por sí solo. La importancia que le dio al llamado factor subjetivo como fermento y garantía de los procesos transformadores, lo hizo rebelarse contra el determinismo imperante entonces en la URSS, el manualismo mecanicista y los dogmas que todo lo presuponían y absolutizaban de acuerdo con leyes históricas y las famosas contradicciones entre fuerzas productivas y relaciones de producción, obviando la capacidad humana de crecerse en su conciencia y rebeldía.
Solo un precoz visionario de las dinámicas sociales como él, podía haberse adelantado, en años fundacionales de la Revolución, a diagnosticar los males, y las deformaciones paralizantes que se acumulaban en el socialismo europeo, y que dieron al traste con esas sociedades, ya en un abismo entre el pueblo y la vanguardia y en un anquilosamiento económico, frente al viejo y taimado capitalismo, que siempre emerge por encima de sus crisis con fórmulas camaleónicas. Y esas son también alertas para la Revolución Cubana hoy.
Che trabajó en cuerpo y alma, en hechos y reflexiones hondas, para que Cuba alcanzara el camino de la redención social y humana, de la liberación total del individuo. Ese fue su combate inacabado, que aún espera aquí por la victoria definitiva. Por eso anda entre nosotros, ojo avizor ante cualquier acechanza o emboscada, premiando lo justo e inteligente, y censurando nuestros dislates. Che persiste.
Fuente:  http://www.juventudrebelde.cu/opinion/2017-10-07/che-el-antidogma

sábado, 7 de octubre de 2017

Una entrevista a Orlando Borrego, asistente y confidente del Che Guevara

Por Miguel Bonasso

El guerrillero argentino ayer hubiera cumplido 75 años. Página/12 habló con el autor de dos libros sobre sus ideas y vida, que combatió con él en la Sierra, fue su viceministro, su compañero de seminario sobre “El Capital” –con Fidel también de alumno– y nunca pudo cumplir el encargo de crearle “una fuercita aérea” en Bolivia. Un diálogo que aclara algunos mitos y malentendidos y describe al hombre y al comandante.

Cuando Orlando Borrego recibió los materiales para un futuro libro que le enviaba su jefe, el Che Guevara, desde Praga, estaba muy lejos de imaginar que contenían una terrible profecía: la implosión hacia el capitalismo de la Unión Soviética. El Che, a quien Borrego había secundado en la creación y desarrollo del famoso Ministerio de Industrias, colocaba la lente sobre el famoso Manual de Economía Política ordenado por Stalin y llegaba a conclusiones sorprendentes para la época (1965): "El estudio sereno de la teoría marxista y de los hechos recientes nos colocan en críticos de la URSS (...) Creemos importante la tarea (del libro) porque la investigación marxista en el campo de la economía está marchando por peligrosos derroteros. Al dogmatismo intransigente de la época de Stalin, ha sucedido un pragmatismo inconsistente. Y, lo que es más trágico, esto no se refiere solamente a un campo de la ciencia; sucede en todos los aspectos de la vida de los pueblos socialistas, creando perturbaciones ya enormemente dañinas pero cuyos resultados finales son incalculables. (...) La superestructura capitalista fue influenciando cada vez en forma más marcada las relaciones de producción y los conflictos provocados por la hibridación que significó la NEP se están resolviendo hoy a favor de la superestructura: se está regresando al capitalismo".

El documento guevarista, de gran valor teórico e histórico, está contenido en el libro Che: el camino de fuego (Ediciones Hombre Nuevo, Buenos Aires, 2001) del cubano Orlando Borrego, junto con otros aportes fundamentales sobre la reflexión teórica que iba procesando el Che mientras trabajaba en la construcción práctica del socialismo cubano. El próximo martes, 17 de junio, Borrego presentará en Buenos Aires su nuevo libro Che, recuerdos en ráfaga que complementa, desde el terreno anecdótico, el nuevo abordaje sobre la rica personalidad del Comandante Guevara iniciado con El camino del fuego.

En vísperas de la presentación, Borrego dialogó con Página/12 y el cineasta Tristán Bauer -un especialista en el tema guevarista- acerca de esos años decisivos (1959 a 1965), en que vivió día a día junto a su famoso jefe las etapas fundacionales de la Revolución Cubana. Desde aquel día lejano en que el joven estudiante y militante del 26 de Julio se integró a la columna 8 "Ciro Redondo", al mando de un argentino irónico, aparentemente despectivo, que en un almuerzo inaugural le dijo para pincharlo: "Los estudianticos no sirven para combatientes". Y luego, de postre, le cuestionó su afición "burguesita" por los Lucky Strike, hasta que el "estudiantico" reaccionó y el Che se disculpó con una carcajada: "Bueno, no te pongas bravo" y, en relación a los cigarrillos, "los americanos también producen buenas cosas".

Vendrían después los entrenamientos y combates, hasta la histórica toma de Santa Clara, en la que Orlando Borrego participó "modestamente", según sus palabras. Sin embargo, para su frustración, no pudo marchar con el Che a La Habana y permaneció en Santa Clara como ayudante de regimiento. Hasta que Guevara, establecido ya en La Cabaña, debió reemplazar a un general de Fulgencio Batista que comandaba la junta económico-militar de la fortaleza. Suárez Gayol, uno de los colaboradores del Che, le sugirió que designara a Borrego, que era contador. Entonces, el joven primer teniente de la revolución pasó a sustituir a un general de intendencia en aquel cuartel maestre de gran complejidad en el que la dictadura de Batista había metido hasta cines y tiendas de lujo para los oficiales superiores. Paralelamente a sus tareas administrativas, Borrego fue nombrado jefe de los tribunales que sentenciaron a los torturadores batistianos.

En agosto de 1959, en una reunión informal, el comandante Guevara le preguntó si quería trabajar con él en "la aventura de la industrialización" y no lo pensó dos veces. Cuando al Che lo nombraron presidente del Banco Nacional de Cuba, Borrego quedó como jefe del Departamento de Industrialización, "aunque para nada entendía de aquello". A partir de ese momento se convertiría en el segundo de Guevara y en el hombre que habría de reemplazarlo en los viajes, hasta quedar a cargo de la decisiva industria azucarera y no poder acompañar al jefe en la lucha del Congo y en la encrucijada final de Bolivia.

Entre el '59 y el '63 vivieron una odisea muy bien relatada en los dos libros de Borrego: "Los nuevos administradores no sabían nada. Una vez nombramos a un muchacho de las FAR que todavía no había cumplido los veinte años. Cuando armamos el Ministerio de Industrias ya había cientos de fábricas y la cosa se volvía inmanejable: trabajábamos desde las nueve de la mañana hasta las tres o cuatro de la madrugada. Yo despachaba todas las noches con el Comandante, hasta que en una de esas desveladas me dijo: 'Oye, nos estamos agotando demasiado, hagamos un pacto, no nos quedemos más allá de la una de la madrugada'".

-¿Cómo era el Che en la jefatura? ¿Tan duro como algunos lo pintan? 

-Esa es una parte que yo quiero desmitificar, porque se lo ha pintado como el jefe guerrillero superduro. Si bien un jefe militar no puede ser nunca muy blando, supo ser con todos nosotros afectuoso y bromista. Como cualquier ser humano tenía contradicciones, era superorganizado en la dirección del trabajo en el ministerio y desorganizado para sus documentos personales. Lo veo frente a su escritorio, con un lío de papeles, donde sin embargo sabía dónde estaba cada cosa. ¿Tal carpeta? Para allá, le decía al secretario.

-¿Quién era el secretario? 

-Es interesante, porque de ese hombre no se ha hablado nunca, José Manuel Manresa, que murió hace poco tiempo. Había sido soldado de Batista y el Che, que calaba a la gente, se olvidó que ese hombre había sido soldado de Batista y lo mantuvo a su lado, primero como mecanógrafo y luego como el hombre total de confianza que incluso lo inyectaba cuando le daban los ataques de asma. Manresa se manejaba muy bien en el desorden del escritorio y sabía dónde estaba cada cosa. Había tal empatía con el Che que ya se entendían por señas. A veces bastaba un gruñido, un sonido ininteligible y Manresa sabía que debía buscar la carpeta azul.

-¿Cómo hablaba el Che? ¿Con un acento híbrido entre argentino y cubano? 

-No, no, otra mentira, otra leyenda. El Che asimiló el lenguaje cubano. Ya cuando fue a la Sierra Maestra, hablaba como cubano. Ahora sí, es verdad que cuando se irritaba por algo le salía el acento argentino, las palabras argentinas.

-¿Cómo lo definiría, dejando las hipérboles, en aquella etapa de construcción? 

-Jamás se me ocurren elogios desmesurados en relación al Che. Pero sí considero que es un clásico de la ciencia de la dirección. Que se apegó a estudiar como un salvaje, no sólo la experiencia socialista sino también la capitalista, con autores de las escuelas más conocidas de aquella época. La organización del ministerio, que estuvo a cargo de Enrique Oltuski, es un precedente muy importante en Cuba...

-Según diversas biografías, Oltuski sería uno de los hombres claves del Che.

-Sí. Un personaje: polaco, judío, formado en Estados Unidos. Durante la lucha guerrillera, Oltuski (que era el jefe de Las Villas) tuvo broncas horribles con el Che, pero el comandante lo nombró jefe del proyecto de organización del Ministerio de Industrias. Y Oltuski hizo una gran tarea apoyado en especialistas, incluso algunos que habían sido asesores de organización de grandes empresas norteamericanas. Trabajó en ese proyecto durante meses. Mientras seguíamos en el Departamento de Industrialización que funcionaba en la Plaza de la Revolución, en el edificio donde ahora está el Ministerio de las Fuerzas Armadas. Hasta que nos asignaron el edificio donde ahora está el Ministerio del Interior. El Che iba revisandoel proyecto cada tanto tiempo. Cuando Oltuski terminó fuimos al ministerio y el Che comenzó su inspección por el comedor, preparado ya para recibir a toda la gente, con el menú semanal incluido. En las oficinas estaban todos los detalles cuidados: los documentos, los papeles, las lapiceras, los lapicitos afilados, todo eso. Nunca se ha hecho en Cuba después una organización con semejante detalle, en la que bastaba con trasladarse y ponerse a trabajar. Ayudamos todos pero el que dirigió ese proyecto fue Oltuski, el polaco, un tipo riguroso, que había trabajado en la Shell y sabía de organización. O sea que la selección del Che fue excelente. Cuando llegamos al despacho del ministro, el Comandante dijo al abrirse la puerta, "esto sí que no lo acepto". Porque se habían puesto unos muebles que no eran lujosos, pero él consideró lujosos porque tenían mucho color.

-Era muy duro en la ideología de las costumbres, ¿no? Muy austero.

-Superaustero. En todo, en la comida, en todo, de no aceptar nada que el pueblo no tuviera también, de no tener ninguna distinción porque era jefe. Por eso, cambió los muebles que le parecían para señoritos y hoy el despacho se conserva tal cual, como museo. Bien, cuando pasamos al nuevo edificio se armó el equipo de viceministros, y él me nombró viceministro de Industrias Básicas y luego su segundo (viceministro primero) para coordinar todo el trabajo de los viceministros, despachar con él y aliviarle la carga, porque era además jefe de una región militar y atendía la Junta Central de Planificación.

-¿En qué etapa? 

-Desde el '61 hasta el '64. Hasta que se fue al Congo. Durante ese tiempo estuve yo como viceministro primero y después, cuando le dio la gana, me nombró ministro del Azúcar. ¿Eso tú sabes cómo fue? Yo estaba en la casa, me había acostado a las 3 o 4 de mañana y llamó como a las 6 y pico. El era muy afónico cuando llamaba por teléfono, tenía una voz muy especial, y me dice: "Bueno, estate acá dentro de unos minutos, en la casa". Y salí para su casa. Y me abrió la puerta y me dice con esa cara de ironía: "Buenos días, señor ministro". Y nada más. Y yo dije: "Bueno, se va de viaje otra vez". Porque yo me quedaba de ministro. Y me dice: "No, no me voy de viaje, pasa para acá". Y nos sentamos. Y me dice: "Anoche te designamos ministro de la Industria Azucarera". Y dije: "¿Cómo?". Se había decidido la famosa zafra de los diez millones. Esto fue muy duro porque yo había soñado con que cuando el Che se fuera de Cuba, yo sabía que se iba a ir, y entonces yo iría con él.

-¿Usted ya sabía que se iba a ir a otro lado? 

-Sí, ya sabía. Lo sabíamos desde México, porque en México le dijo a Fidel que cuando se encaminara la Revolución Cubana quería irse a luchar a América latina, por supuesto a Argentina, y que no quería ningún tipo de limitación y eso fue un compromiso personal de Fidel. Sobre este tema se han escrito muchas mentiras y toda esta infamia de que el Che se fue de Cuba disgustado con Fidel. Así que volviendo a lo del ministerio, me dijo: "Sí, se te designó anoche". Y yo: "Es una broma, ¿no?". "No, broma no, se te designó anoche". "Oye, ven p'acá, ¿yo soy una mesa o una silla?" "No, ¿por qué dices eso?" "¿Es que a mí se me puede mover como un objeto? ¿Y si no estoy de acuerdo con ser ministro?" "Vamos, vamos... que un carguito de ministro le gusta a cualquiera". Yo tenía 26 años entonces y no sabía nada del sector azucarero.

(En ese punto del diálogo interviene Tristán Bauer para recordarle a su amigo Borrego que no nos ha contado todavía cómo funcionaba el grupo de jefes revolucionarios que se puso a estudiar El Capital de Carlos Marx.) 

-Al tercer año del triunfo de la revolución, se decide en el Consejo de Ministros crear un seminario sobre marxismo, y empezar a estudiar El Capital. En el grupo estaban Fidel, el Che y otros compañeros. Entonces les piden a los soviéticos que manden alguien especializado en El Capital y los soviéticos designan a un compañero que se llama Anastasio Mansilla, que era uno de aquellos muchachos españoles que cuando la guerra de España sus madres los mandaron para la Unión Soviética porque tenían miedo que los mataran. Mansilla llegó a la URSS a los nueve o diez años, creció y estudió allí, se hizo economista y después doctor especialista en El Capital. Ese era el profesor enviado por Moscú para darle clases al Consejo de Ministros de Cuba. Dicen que el seminario era tremendo, Mansilla cuenta las discusiones. Allí en el libro yo cuento que Fidel y el Che eran los alumnos más difíciles. Me lo contó Mansilla, con quien nos hicimos amigos. El me ayudó con el profesorado que hice en la Unión Soviética, murió ya. Me contaba que las discusiones eran tremendas, aunque con mucho respeto por el profesor que trataba a los comandantes como simples alumnos. Un día discutían el capítulo sobre las formas de reproducción ampliada del capital. Y Fidel Castro le dijo al profesor, con todo respeto: "Quiero que usted revise, porque yo me he encontrado con un error de traducción en ese capítulo". Trabajaban sobre la edición clásica del Fondo de Cultura de México. Y el profesor replicaba: "Comandante, yo soy profesor especialista en El Capital, y allí no hay ningún error". Al otro día vuelve Fidel y le dice: "Mire, profesor, yo le ruego revise, tómese el tiempo, si usted quiere se pasa a un despacho el tiempo que quiera, porque hay un error". Y Mansilla se pone a estudiar y efectivamente había un error. Cuando terminó el seminario, el Che le dice a Mansilla, que había ido a Cuba contratado por un año: "Yo quiero trasladar el seminario éste al Ministerio de Industria, para continuar más a fondo con el estudio de El Capital, con el equipo mío de dirección". Y Mansilla dice: "Bueno, Comandante, yo vine por un cierto tiempo a Cuba, eso hay que hablarlo con la Unión Soviética, con el partido". Hablan con el partido, y Mansilla regresa a Cuba, por otros dos años, para el seminario en el Ministerio de Industrias. Donde participó el Che y todos los viceministros. Empezábamos a las nueve de la noche y a veces uno amanecía con el profesor estudiando. Con mucho rigor y mucha polémica. Porque había mucha polémica entre el Che y el profesor, por como pensaba el Che y como pensaban los soviéticos. Aunque el Che discutía de manera diplomática. No así Oltuski. Una noche se produjo una discusión, Oltuski no pudo más y dijo: "Mire Mansilla, ya no joda más que éstas son mariconadas de Nikita (Kruschov)". Mansilla se enojó y le dijo: "Altuski -no le salía decirle Oltuski- yo no jodo más y no le permito que diga eso". El Che lo regañó a Oltuski y cuando se fue Mansilla le dijo: "Eres una mierda tú, es una falta de respeto... pero es verdad que Nikita es maricón". (Risas.) 

-Lo cual nos lleva a ese documento clave en su libro El camino del fuego, que es el análisis que le envía desde Praga en 1964.

-Con el Che teníamos una correspondencia clandestina cuando él estaba en Praga. El estudiaba aquel Manual de Economía Política de la Academia de Ciencias de la Unión Soviética y me manda algunos manuscritos con Aleida (March, la mujer de Guevara). El me sugería en aquella correspondencia que trabajáramos en un libro sobre ese tema, del cual me mandó el prólogo. Entonces qué hizo: tomó el manual que había encargado Stalin, le hizo algunas marquitas y notas al margen y empezó a escribir la crítica a cada parte. La idea era que yo lo trabajara con un par de compañeros para hacer un libro.

-Ese texto le otorga un valor trascendente a su libro, porque allí se profetiza la implosión de la Unión Soviética un cuarto de siglo antes de que ocurra.

-Una herejía... tan herejía, que cuando yo recibo los cuadernos de Praga y me los empiezo a leer no lo podía creer. Imaginate tú, yo que estaba intoxicado de materialismo histórico, dialéctico, decir que aquello se derrumba, imaginate tú... (Interviene Tristán: "En 1965. ¿Quién decía eso en la izquierda en aquel momento?") 

-Nadie. Una herejía. Los que habíamos estudiado, materialismo histórico sobre todo, no concebíamos que un régimen social pueda regresar atrás, que el socialismo retorne al capitalismo. Es una herejía... y es la verdad. Fidel dijo hace poco en relación con eso: "El Che era el único adivino que había entre nosotros".

-O sea que el Che no tenía una visión dogmática del marxismo.

-Para nada, el marxismo para él es una guía para la acción. Como lo es para marxistas lúcidos como Mariátegui o Gramsci. Distinto en cada país, Perú, Cuba. El Che caracterizó a Cuba como un país subdesarrollado pero con ciertos niveles de desarrollo, con su sector industrial azucarero, carretera central, teléfonos, radio hasta en la Sierra Maestra, diarios y revistas, una producción cultural.

-¿Cómo fue la despedida? ¿Usted supo lo del Congo y luego lo de Bolivia? 

-Yo sabía que se iba a algún lugar, pero no me dijo me voy para Africa tal día ni nada de eso. Pero hubo un encuentro con él que a mí me llamó mucho la atención, porque unos días antes de marcharse, yo estaba en el Ministerio del Azúcar y me llama, y me da una serie de consejos: "Estamos en tiempos difíciles, tienes que trabajar con mucho cuidado, siempre tienes que alertar a Fidel de cualquier cosa que pienses, siempre dile la verdad", porque el plan era muy difícil, el de la zafra de los diez millones. Yo pensé: "¿Por qué me dirá todo esto?" Y me sigue diciendo, "me voy a cortar caña unos días a Camagüey. Me voy a pasar un mes cortando caña". Le dije, "déjeme saber adónde va a estar" y me contestó "déjame eso. Eso lo organizo yo, no te preocupes por nada". Del Congo no me dijo absolutamente nada. Esa es la verdad histórica. El se va al Congo, termina el Congo, viene Praga, allí empezamos los carteos, yo no tenía idea de que iba a volver a ver al Che y le ofrecí irme con él. Le hago una carta diciéndole que me mande a buscar y me envía una carta que reproduzco parcialmente en el libro, porque hay otra parte muy personal que no quiero publicar por el momento. Pero yo sabía que se acercaba la ida del Che por un hecho muy concreto que es la guerrilla de Salta, viene (Jorge Ricardo) Masetti, para acá, para la guerrilla de Salta. Y con él salen para acá, para Argentina, dos entrañables hermanos míos que eran dos escoltas del Che. Eso al Che lo golpea tremendamente. Yo sé que el Che está al irse.

-Su objetivo estratégico era Argentina, Bolivia era un paso...

-El objetivo estratégico de la guerrilla de Bolivia era la Argentina. Esa es la historia. Después de lo Praga yo decía, dónde estará este argentino ahora, y soñaba acompañarlo, ya en la carta me dice: "Para la segunda etapa harán falta hombres. Esa etapa va a ser muy difícil. Cuando haya la oportunidad, tú serás bienvenido. Todo depende de ti y de nuestro jefe". Pero Fidel no me autoriza y por eso yo no caigo en Bolivia. Me quedé allí trabajando en el ministerio y estuve un año muy mal después de la muerte del Che. No podía aceptar que el Che estuviera muerto. Tuve problemas psicológicos. Soñaba con el Che haciendo un discurso.

-Hay una foto muy elocuente en el libro: están ustedes dos sentados, sonrientes, distendidos. Sin embargo, el epígrafe dice: "En San Andrés, Pinar del Río, semanas antes de su partida a Bolivia. La foto fue tomada por el propio Che con una cámara automática (agosto 1966)". Lo que primero salta a la vista es que el Che ya no tiene barba. Ha comenzado su transformación. Pero todavía no se ha afeitado el pelo, ni se ha caracterizado de viejo. ¿Cómo fue la despedida? 

-Un buen día llega Ariel Carretero, quien me traía las cartas del Che cuando lo de Praga, y se me aparece y me dice que viene con una noticia importante para darme: "¿Tu jefe está aquí?" "¿Qué jefe?" "El Che. Y te acaba de mandar a buscar y que vayas a verlo enseguida." Entonces Celia Sánchez arregló las cosas y salimos enseguida. En una operación supersecreta, imaginate, la vida de él. Allí yo insisto en que me voy a Bolivia. El me dice "que tú estás en el ministerio" y luego concede: "Bueno, sí habla con Fidel, si Fidel acepta, descuéntalo" y "me vas a ayudar a organizar una fuercita aérea en Bolivia". Lo decía porque él y yo nos hicimos pilotos de aviación juntos. También dijo: "Y te vas a ir con tu cuñadito", Enriquito Acevedo, que era uno que él quería mucho, que siempre estaban fajados. "Si Fidel aprueba lo de Enriquito sí, si no no". Entonces yo voy y hablo con Fidel y por supuesto le meto un discurso, y me dice "Borrego, Borrego, si el Che fue el que insistió que fueras ministro de Azúcar. Ahora vas a dejar ese ministerio embarcado". "Mira, cuando esté eso más consolidado yo voy a estar de acuerdo". Y acepta que yo me vaya cuando el Che esté consolidado en Bolivia. Luego fue a mi casa y le dijo a mi mujer, Martica, con quien se llevaba muy bien: "Martica, para que sepas que en algún momento éste se va a ir para afuera, porque éste es un ave migratoria", entonces, Marta le dice "yo ya me imaginaba". Quedamos en ese acuerdo. Se va el Che para Bolivia y yo ya le cuento a Enrique de esa posibilidad. Saltaba como un niño chiquito, saltaba frente a un espejo, contento con irse con el Che para Bolivia.


Fuente: https://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-21445-2003-06-15.html 

Cuba frente a los que odian y destruyen

Por Rolando López del Amo

José Martí decía que los hombres iban en dos bandos opuestos. Uno era el de los que odian y destruyen. El otro el de los que aman y fundan. El señor Donald Trump pertenece al primero. El pueblo de Cuba, al segundo. Martí también advertía que una persona ignorante en el poder sería la víctima de quienes conocían y alababan sus defectos. Esto último también puede aplicársele al señor Trump. Pero, por encima de sus características personales, él es el representante de los intereses imperialistas quienes, como nos enseñó el Che, son los que convierten a los hombres en fieras sedientas de sangre.

El Che nos enseñó que no se debía  confiar en el imperialismo. Nada, dijo rotundamente aquella noche en acto en el que tuve el privilegio de estar presente.

Derrotar a la revolución cubana victoriosa el primero de enero de 1959 ha sido la obsesión de todas las administraciones estadounidenses desde entonces. Cada administración con su estilo.

Las más inteligentes, a mi modo de ver, fueron las de Jimmy Carter, cuando se crearon oficinas de intereses en ambos países, y la de Barack Obama que restableció las relaciones diplomáticas e inició un diálogo respetuoso. La peor fue, aparte de la de Clinton cuando se aprobó la ley Helms Burton, la de George W. Bush, que llevó a extremos abusivos las restricciones a los ciudadanos de origen cubano residentes en los EEUU. Ahora la administración de Donald Trump parece querer desmontar todo lo alcanzado durante la administración de su predecesor y retrotraerla a los peores tiempos.

Las reales posiciones de Trump hacia Cuba comenzaron a mostrarse desde la muerte de Fidel, cuando escribió un comentario irrespetuoso y sucio sobre muestro máximo dirigente. Después comenzó la manipulación del “incidente acústico” con la expulsión de dos  funcionarios de nuestra embajada en Washington el pasado mes de Mayo. Más tarde, en junio, el show montado en Miami con los derrotados mercenarios de Playa Girón, donde anunció un paquete de medidas anticubanas. En septiembre se dieron a conocer nuevas medidas para desalentar los intercambios bilaterales, especialmente la visita de norteamericanos a Cuba y los intercambios económicos. Más tarde, el ataque a Cuba en la sesión inicial del actual período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Posteriormente, después de haber sufrido el paso del ciclón más destructivo de nuestra historia que afectó a la casi totalidad de las provincias cubanas, el “incidente acústico” se convierte en “ataque acústico” contra funcionarios de la embajada de los EEUU en Cuba y la administración Trump decidió retirar de Cuba el sesenta por ciento de sus empleados y anunció que suspendía la entrega de visas para que viajen a su país los ciudadanos cubanos, incorporándonos, de facto, a la lista de países anunciada días antes que incluía, no sólo países islámicos, sino a Venezuela y la RPD de Corea. Ademá se recomendó a los norteamericanos que no viajaran a Cuba porque, según Trump, en ella “pasan cosas muy malas”. Como si no fuera suficiente, se produce la expulsión de quince diplomáticos de nuestra embajada en Washington, con la excusa de equiparar el número de funcionarios yanquis en Cuba, como si fuera una acción de reciprocidad, cuando todo ha sido una actuación unilateral del gobierno de los EEUU, pues Cuba no expulsó a nadie. Cuba no reciprocó cuando expulsaron a los dos primeros cubanos en mayo.

El sentido de estas acciones se parece mucho a ciertas acciones realizadas en el pasado para justificar acciones militares. En 1898 hundieron el acorazado Maine en el puerto de La Habana para justificar su intervención en la guerra por la independencia de Cuba. También, en el siglo XX, fabricaron el incidente del Golfo de Tonkín para hacerle la guerra a Vietnam. De igual forma inventaron la posesión de armas de destrucción masiva por el régimen de Sadam Hussein para invadir Iraq. Después vino lo de la torres Gemelas en New York para invadir a Afganistán en el siglo XXI.

Que el presidente Trump está aplicando hacia Cuba la política deseada por la mafia congresional de Marco Rubio, Díaz Balart e Ileana Ross, es inobjetable. Por lo pronto tratan de impedir el contacto pueblo a pueblo porque este le ha permitido a decenas de miles de ciudadanos estadounidenses ponerse en contacto con nuestra realidad y a no pocos hombres de negocios y políticos de ese país comprender los beneficios de la normalización de las relaciones bilaterales, no sólo en ese orden, sino también en el orden internacional.

Ahora la administración Trump parece haber optado por el “gran garrote”, la política de exterior de inicios del siglo XX.

El restablecimiento de las relaciones entre Cuba y los EEUU se produjo en un momento de avance de las fuerzas progresistas en nuestro continente. Ahora es otra la situación, como sabemos. La OEA está administrada por un asalariado yanqui, dos grandes países de la América del Sur perdieron sus gobiernos progresistas y Venezuela es objeto de un ataque en todos los frentes para liquidar la revolución bolivariana y aparece un nuevo ambiente de fractura interna en Ecuador. El gobierno de Bolivia resiste con Evo al frente y se convierte en el nuevo blanco del secretario general de la OEA. Contra Nicaragua se manifiestan las abiertas intenciones imperialistas de tratar de desestabilizar al gobierno sandinista de unidad nacional. En este nuevo contexto el gobierno de los EEUU ha apostado por el enfrentamiento con el gobierno de Cuba. Creen que ha llegado su hora.

Cometen un grave error, uno más en el conjunto de errores de esta administración en menos de un año de gobierno.

El pueblo cubano tiene un profundo sentido patriótico y los cambios que trajo la revolución cubana, sobre todo en materia de dignidad nacional, ya no podrán ser derrotados.

Llevamos muchos años de lucha por la independencia y la justicia social y por la solidaridad internacional. Ni siquiera en medio de las difíciles circunstancias actuales después del paso de Irma, hemos dejado de prestar colaboración a pueblos hermanos damnificados en el Caribe, Dominica y Antigua y Barbuda, o al querido México, como no hace mucho lo hicimos con el Perú, y se mantiene la oferta de ayuda a Puerto Rico, la isla hermana.

El magnate Trump, quien ha mostrado ser hábil en amasar fortuna individual y ser un comunicador de la mediocridad de los peores programas de la televisión estadounidense, los llamados “reality show”, ha puesto en evidencia sus peores defectos, a saber, su incultura, su racismo y xenofobia, su machismo ridículo, su arrogancia, su inconsistencia, su veleidad, su gusto por la mentira. El interior de su círculo de gobierno es de una inestabilidad  reconocida. Los cambios de personas en tan breve tiempo demuestran la lucha interna entre quienes lo rodean. Sí ha sido constante en servir al complejo militar-industrial y al lobby judeo-israelita.

En poco tiempo se ha ganado Trump ser un presidente con bajo nivel de aceptación por las minorías negra, latinoamericana, musulmana, más grandes figuras del arte, el deporte, la ciencia. Ha creado problemas con sus aliados de Norteamérica, europeos y asiáticos y con la comunidad internacional en su conjunto. Es una calamidad nacional e internacional. Sólo que, desgraciadamente, su vice representa también las peores posiciones políticas de ese país.

América Latina y el Caribe ya le aguantaron el brazo cuando habló de agresión militar contra Venezuela. Nuestra región que se declaró zona de paz sabe bien lo que es la ausencia de ella y los esfuerzos que se han hecho y se hacen para que prevalezca la proclama adoptada por la CELAC en La Habana.

En cuanto a Cuba, hemos vivido momentos muy difíciles a los largo de estos años, el mayor de ellos la crisis de octubre, año y meses después de haber derrotado la invasión mercenaria de Bahía de Cochinos.

Seguiremos adelante perfeccionando nuestro trabajo, inspirados en el ejemplo del Che y las enseñanzas y espíritu de lucha y victoria que nos inculcó Fidel, para construir el socialismo próspero y sostenible propuesto por los Congresos del Partido Comunista de Cuba bajo la dirección del compañero Raúl.